De los tres aspectos físicos que componen la forma de la obra de arte, la materia es el elemento básico. La aplicación de los principios de razón suficiente (P.R.S.) a la materia debe limitarse a tres, puesto que el cuarto, la motivación, es inaplicable. Pero los otros, los P.R.S. del ser, del devenir y del conocer, se le aplican a la materia con la literalidad con la que la expone Schopenhauer en su obra sobre esta cuestión. Así, el P.R.S. del ser, que trata de la geometría y las matemáticas, los conceptos a priori de todo fenómeno, o, si se prefiere, sobre el espacio y el tiempo, afecta al aspecto perceptible de la obra de arte plástica en las primeras cuestiones: la geometría y el espacio. Por su parte, el tiempo y las matemáticas afectarán a otras artes. Existe una indudable relación entre la luz y el sonido, pues ambos permiten el mayor conocimiento del mundo y casi de forma inmediata. Pero la relación que se ha intentado establecer entre la pintura y la música carece de razón. El color que percibimos de la obra matérica es el de la materia, y como se prefiera, la del elemento constructivo o la del elemento representado. No es, por lo tanto, luz. Además ello implicaría negar los demás aspectos de la obra de arte, la técnica y la figura. Piénsese simplemente que esta definición, en caso de ser cierta, le resultaría aplicable a cualquier obra plástica, por lo que la relación de la música y la pintura no se limitaría a la pintura abstracta y ni siquiera a la pintura en exclusiva sino a cualquier otro arte y objeto que posea una componente plástica es decir, perceptible mediante la observación, pues la referencia a la luz y la música se podría aplicar metafóricamente a cualquier elemento perceptible del universo. Esta falta de exclusividad de una supuesta relación entre música y pintura debe zanjar definitivamente aquella interpretación del arte abstracto. En todo caso, el arte abstracto se correspondería con el bajo de la música; la composición, con la armonía; y la figura, con la melodía; con lo que el arte abstracto resultaría perjudicado frente al arte clásico denominado, con absoluta justificación, bellas artes. Así que la pintura abstracta representa la aplicación del principio de razón del ser al primero de los elementos de la obra de arte, la materia, que a su vez constituía el P.R.S. del ser de la obra de arte. No olvidemos que la causalidad constituye una serie infinita por lo que también será infinita la serie de explicaciones. El valor del arte abstracto no debemos buscarle en una relación directa con la voluntad, como establecen la luz y el sonido, sino en lo sublime a través del conocimiento, en la percepción de la inmensidad del universo, ya de su extensión ya de su fuerza, y bien de lo sublime dinámico o matemático, según entendamos la obra como una representación del universo o de un espacio inmenso pero delimitado que en cualquier caso nos supera. Efectivamente, la pintura abstracta posee mucho en común con el romanticismo, en el que se produce una exaltación de los sentimientos, pero a través de la intuición y no de la sensibilidad: mediata, a través del entendimiento y no inmediata, a través del sentimiento o conocimiento directo de la voluntad. El arte matérico representa la aplicación del P.R.S. del devenir a la obra. Consiste simplemente en la representación del estado que ha alcanzado la materia en este lugar y en este tiempo como consecuencia de la causalidad, de la actuación de las fuerzas de la naturaleza sobre la materia. Y tal y como nos explica Schopenhauer para los cambios que sufre el agua según las circunstancias externas cuando nos trata de dar a entender "la idea", mostrándose como líquido, sólido o vapor, ya en reposo, ya ascendiendo o precipitándose, así el artista muestra un estado de la materia en un tiempo y un lugar. De forma similar expone el arte conceptual la percepción del universo. Es, como se habrá adivinado, la aplicación del P.R.S. del conocer a la obra de arte. Y decimos que es similar al arte matérico porque identifica el objeto en el que se manifiesta la materia. Por ejemplo, el agua en estado líquido se puede manifestar como río o como lago; en estado gaseoso, como nube; y, en estado sólido, como copos o como carámbanos. Estos tres movimientos de la corriente matericista son tres aspectos de una misma cuestión, el conocimiento de las características de un mismo fenómeno, el efecto que han producido las fuerzas naturales al actuar sobre una materia. Tres cuestiones que el estudio científico muestra por separado en ese intento desesperado del hombre racional de entender el origen de las cosas mediante la identificación del más minúsculo de sus componentes. Pero el tiempo, el espacio, la materia y las fuerzas naturales nunca podremos llegar a conocerlos más que por sus manifestaciones. |